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EE.UU: marcapasos cerebral para combatir la depresión entre otros trastornos

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El procedimiento comienza con un cirujano perforando dos agujeros en el cráneo del paciente. "Sentían el sacudón en cada hueso y diente de mi cabeza", recuerda Lisa Battiloro, que estuvo despierta, pero sin dolor, durante la operación de ocho horas.

Los neurólogos le hacían preguntas y le daban órdenes a medida que identificaban el lugar exacto en su cerebro para la estimulación eléctrica. "De repente, en un momento dado, me sentí esperanzada y optimista acerca del futuro", recuerda Battiloro, que durante más de una década había luchado contra una depresión severa. Fue entonces cuando los médicos supieron que habían encontrado el Brodmann 25, un área profunda en la corteza cerebral ligada al mal humor. Sujetaron los electrodos

 en el lugar correspondiente, luego sedaron a Battiloro mientras colocaban la extensión de un cable bajo la piel, bajando por un lado de su cabeza y llegando a su pecho, donde se implanta un paquete de baterías para alimentar a su cerebro con una suave corriente eléctrica.

Al cabo de dos meses, afirma Battiloro, de 41 años y residente en Florida, su depresión se había reducido considerablemente. Ahora, casi cuatro años después, ha desaparecido. "Mis amigos y mi familia están sorprendidos", asegura. "Soy una Lisa nueva y mejorada".

La estimulación cerebral profunda (DBS, por sus siglas en inglés), a veces denominada como 'marcapasos para el cerebro', ha ayudado a detener los temblores en más de 100.000 pacientes con el mal de Parkinson y otros trastornos neurológicos de movilidad desde 1997. Ahora, los investigadores informan resultados alentadores mediante el procedimiento también para condiciones psiquiátricas. Battiloro fue una de las 17 pacientes en un estudio publicado este mes en Archives of General Psychiatry. Después de dos años de DBS, 92% registró un significativo alivio de su depresión severa o trastorno bipolar y más de la mitad se encontraba en remisión, sin efectos maníacos secundarios.

"Vemos resultados drásticos en el pequeño número de sujetos, y no sólo están bien, sino que sin efectos secundarios ni recaídas", puntualiza la neuróloga Helen Mayberg, que dirigió el estudio en la Universidad de Emory, en Atlanta.

Otras pruebas clínicas estudian la DBS como tratamiento para la epilepsia y el trastorno obsesivo-compulsivo; algunos investigadores experimentan con el mal de Alzheimer, tinnitus, conocido también como acúfenos; adicciones y el síndrome de Tourette, un trastorno que provoca tics y movimientos repentinos. Pero tales usos podrían estar a años de distancia. "La DBS es un tratamiento en potencia para cualquier condición donde se una tiene buena idea de cuáles son las regiones cerebrales que no están funcionando apropiadamente", dice Paul Holzheimer, director del Servicio de Trastornos del Ánimo en el Centro Médico Dartmouth-Hitchcock, que colaboró con el estudio mientras trabajaba en Emory. "Pero se necesitan hacer pruebas clínicas y tener buena evidencia de la seguridad y la eficacia para equilibrar la agresividad de la cirugía", opina.

Los neurólogos no saben exactamente cómo la DBS mejora la función cerebral. Sin embargo, hay un reconocimiento creciente de que el cerebro funciona a través de complejos circuitos eléctricos que a veces fallan, y esa estimulación eléctrica puede interrumpir las señales errantes. Hace años, los científicos notaron que el mal de Parkinson involucraba un exceso de actividad en el núcleo subtalámico, un lugar en el cerebro del tamaño de un arveja en los ganglios basales.

La localización de la depresión en el cerebro ha sido complicada, dado que implica múltiples circuitos cerebrales que controlan el ánimo, el pensamiento, el sueño, la recompensa y otras funciones. El equipo de Mayberg pasó años explorando los cerebros de pacientes deprimidos y advirtió que muchos de los que mejoraron tenían cambios en el área de Brodmann 25, ya sea porque habían tomado medicamentos, recibido psicoterapia o terapia electroconvulsiva. Otros investigadores apuntan a diferentes puntos en el cerebro que podrían jugar un papel en la depresión. Asimismo, hay grandes pruebas clínicas en marcha, pero todavía faltan muchos años para que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) apruebe la DBS.

Sin embargo, la demanda por la DBS está en aumento. "Al principio, era difícil conseguir pacientes. Ahora es todo lo contrario", dice Michael Okun, director médico de la National Parkinson Foundation, que realiza varias operaciones de DBS al año en el Centro para Desórdenes del Movilidad de la Universidad de Florida. El procedimiento cuesta alrededor de US$60.000 en EE.UU., incluyendo gastos de hospitalización.

En los trastornos vinculados con la movilidad, los resultados pueden ser espectaculares, incluso en la sala de operaciones, cuando los electrodos son probados por primera vez. Pamela Bland, una ex enfermera de Florida que fue diagnosticada con Parkinson en 2000, no podía caminar, hablar o salir de la cama para cuando tuvo la cirugía en 2008, en la Universidad de Florida. Ahora conduce, practica kayak e incluso completó una carrera de 5 kilómetros hace muy poco. "No hay mucho que no pueda hacer", asegura Bland, de 62 años.

En este contexto, la demanda por la DBS se mantiene en aumento. "Al principio, era difícil conseguir pacientes. Ahora es todo lo contrario", dice Michael Okun, director médico de la National Parkinson Foundation, que realiza varias operaciones de DBS al año en el Center for Movement Disorders de la Universidad de Florida. El procedimiento, que cuesta alrededor de US$60.000 incluyendo gastos de hospitalización, en general cubiertos por el seguro médico.

Aunque algunos neurólogos ofrecen la DBS para la depresión incluso antes de obtener la aprobación de la FDA, los expertos impulsan a la gente con depresión severa que está interesada en la DBS a inscribirse para una prueba clínica, donde pueden ser cuidadosamente monitoreados.


 

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