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En Méjico injertan dedos del pie en la mano

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Sostener un libro, aplaudir un espectáculo, consolar con una palmadita en la espalda. Cuando tres meses atrás la traicionera carretera privó de los dedos índice y corazón de su mano izquierda a una joven cordobesa, realizar algunas de estas acciones traía amarga e inevitablemente a su recuerdo los días en que todo era normal.


Hoy los días de nostalgia pueden estar cerca de llegar a su fin. Con esa esperanza al menos entró ayer en el quirófano del Sanatorio Huerta esta cordobesa de 28 años para que le fueran colocados en su mano izquierda, esa que antes acariciaba, tocaba y sentía, dos dedos de sus propios pies para sustituir los que el desgraciado accidente de tráfico se llevó consigo. Unas expectativas mezcladas de lógica preocupación.

En una operación nunca antes vista en Córdoba, el prestigioso cirujano Francisco Javier Huerta Rivadeneyra, encabezó al equipo médico encargado de la compleja intervención.

Un grupo en el que recaen las esperanzas de la paciente y sus familiares, y que viene avalado por las 60 operaciones de este tipo que Huerta Rivadeneyra ha realizado con éxito en Ciudad de México y Veracruz. “Las expectativas son muy buenas, el dedo del pie tiene los mismos elementos que el de la mano, uña, tres falanges, nervios y tendones, por lo que podemos conseguir que obtenga sensibilidad, movimiento y fuerza”, explicaba minutos antes de entrar a quirófano.

La maratoniana intervención, con una duración total que ronda las 10 horas, puede hacer recuperar a la paciente hasta un 90 por ciento de movilidad, y no dejará excesivas molestias en los pies dado que los puntos de apoyo son los dedos de los extremos y el talón, que no se verán afectados al ser el dedo situado junto al gordo de cada pie, por tratarse del más alargado, el que deje de viajar en sus zapatos para pasar a colaborar buscando una moneda en el bolsillo, abriendo puertas o empujando el carrito de la compra en cualquier supermercado. “He tenido deportistas que han podido seguir perfectamente con su actividad sin los dedos amputados del pie”, afirma el cirujano.

Para hacerse una idea de la complejidad de la operación basta escuchar sus palabras. “Al lado de esta cirugía quitar un tumor resulta relativamente fácil dado que sólo hay que extraerlo, en este caso hay que reconstruir cada zona”.

Y es que han de afrontar el reto de amputar los dedos de los pies sin dañarlos aislando los vasos sanguíneos que nutren al dedo para que puedan implantarse en la mano izquierda.

No acaba ahí la cosa, se aplicará a los nuevos inquilinos un procedimiento estético para conseguir un mayor parecido a los dedos de la mano y que la vida de esta cordobesa pueda volver a la normalidad lo antes posible. Sedada durante las 10 horas de operación, a esta joven cordobesa le dará tiempo mientras dormita sobre la camilla con su destino en manos de grandes profesionales de la medicina, de soñar con el amplio recorrido vital que aún le queda, con dejar atrás la nostalgia, con no decir nunca más “antes podía” para empezar otra vez a decir “puedo”.


 

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